Ir al contenido

La generosidad: el valor de la empresa familiar

Ha pasado un puente largo de noviembre. Ha transcurrido el Día de Todos los Santos en España, donde recordamos a nuestros seres queridos que ya no están en presencia física, y el tradicional Día de los Muertos en México, donde tengo la suerte de vivir y trabajar. Ya estamos en la frenética vuelta al trabajo que vivimos todos.

En estos momentos creo que es importante detenerse unos instantes a reflexionar sobre la humanidad. Lo que no debemos perder.

Esa humanidad con la que muy probablemente nos hemos encontrado en estos días de descanso junto a la familia, o con amigos. Tratando de desconectar de las obligaciones, de las cifras y de los plazos de entrega. Unas constantes que suelen repetirse en la enorme mayoría de los trabajos, por diferentes que estos sean.

Hace poco escribía en este blog que los economistas y los empresarios no debemos olvidar la necesaria humanización de nuestra profesión. Que detrás de las cifras, que por supuesto deben cuadrar -porque, si gastamos más de los que tenemos, será pan para hoy y hambre para mañana-, debe haber un propósito más elevado. Algo más que la mera consecución de unos objetivos financieros y profesionales.

Es por eso que quiero reflexionar sobre la importancia de la familia en la economía. En concreto, de algo muy significativo en España y en el mundo: la empresa familiar.

La empresa familiar como transmisora de valores

Según datos del Instituto de la Empresa Familiar de España, este tipo de compañías suman en el país 1,1 millones. Ni más ni menos que el 89% de las empresas, creando un 67% del empleo privado, lo que las convierte en el principal generador de empleo de nuestra economía.

Las empresas familiares generan más de 6,58 millones de puestos de trabajo y un 57,1% del PIB del sector privado, según las cifras de la mencionada organización, que destaca que no se trata solo de un fenómeno español, sino mundial: en la Unión Europea hay 17 millones de empresas familiares generando 100 millones de empleos, mientras que en Estados Unidos representan el 80% del total de las empresas, generando el 50% del empleo privado.

Más allá de su importancia económica, no debemos perder de vista los valores que acarrea la empresa familiar.

Una investigación de 2011 de la Cátedra de Empresa Familiar del IESE Business School,  la escuela de posgrado en dirección de empresas de la Universidad de Navarra en la que colaboro, exploraba si había valores específicos de la empresa familiar. Los resultados dejaban claro que sí.

Un valor destacaba en este estudio como exclusivo de las empresas familiares: la generosidad.

Salgamos un momento de la empresa. Pensemos en nuestra familia, como padres o madres, hijos o hijas. ¿Somos generosos con nuestros hijos? ¿Lo han sido nuestros padres con nosotros? En la inmensa mayoría de los cosas, la respuesta será sí. En las familias, por lo general, la generosidad es el sentimiento predominante.

Por lo tanto, es inevitable que esto se traslade a la economía y la sociedad. Tanto las buenas como las malas prácticas dejan huella. Por eso es importante que no perdamos de vista los valores que transmite la empresa familiar.

Share

Publicado elEstrategiaÉtica y EmpresaPersonasSociedadTransformaciónUncategorized

Se el primero en comentar

Deja un comentario