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España y Latinoamérica: un destino común

Siempre he sido un convencido de que España y Latinoamérica tienen, como dice el título de esta entrada, un destino común. Ahora que estoy viviendo en México, a donde me ha traído la vida por motivos profesionales, ese convencimiento se ha hecho más profundo.

Todas las diferencias que se pueden encontrar entre la vida en España y la vida en México quedan completamente empequeñecidas por las cosas que nos unen.

Como ya se imaginarán, lo primero es el idioma. El hecho de llegar a un país que dista 9.000 kilómetros del tuyo y poder hablar tu lengua es una gran ventaja.

Es una gran ventaja desde todo punto de vista: cultural, educativo, personal, político, empresarial, y mucho más.

Una ventaja a explotar

En el terreno de la empresa, que es mi especialidad, tenemos que explotar esa ventaja que tenemos frente a otras realidades. Nos brinda la oportunidad de explorar las posibilidades que tiene un mercado de más de 500 millones de habitantes, dominando casi un continente entero. Los hispanohablantes somos más que los angloparlantes, aunque ellos nos han sacado muchos cuerpo de ventaja imponiendo el inglés no sólo como el idioma de los negocios, sino también como la lengua comodín para comunicarse entre personas que no hablan el mismo idioma materno. Se ha convertido en el esperanto de hoy.

Las diferentes realidades políticas y las miras cortoplacistas de muchos dirigentes políticos han impedido hasta el momento que los países hispanohablantes saquemos todo el rédito posible, en términos económicos y de bienestar, a esta comunidad idiomática común. Y es un lujo que no podemos permitirnos. Nos merecemos estar mejor.

Los hispanohablantes somos cada vez más y nuestra gente es cada vez más importante en el mundo. El creciente número de hispanos en Estados Unidos ha llevado a que muchos de los más importantes dirigentes políticos de ese país, el más poderoso del mundo, sean de este origen y hablen español a la perfección, además de tener una sensibilidad hispana muy enraizada en la tradición católica que nos brinda una forma de ser muy cálida y diferente a la protestante (más pragmática, pero de la que también tenemos mucho que aprender: por ejemplo, en términos de efectividad).

La potencialidad del hispanohablante

Es de eso de lo que hablo: mientras los angloparlantes no se han andado con remilgos a la hora de imponer su practicidad para hacer del inglés la lengua de los negocios en el mundo, los hispanos hemos estado más distraídos en asuntos de miras más cortas que nos han impedido lograr los niveles de desarrollo que nos merecemos.

Porque la potencialidad de los hispanohablantes es impresionante. La potencia cultural del español lleva a que haya representantes nuestros en lo más alto del mundo.

El catolicismo como fuerza

Sin ir más lejos, quien para mí es el líder más importante de la Tierra, el Papa Francisco, es hispanohablante. Porque la religión católica es, junto con el idioma, el elemento aglutinador más importante que nos une. Y lo que nos da fuerzas.

Y esto va más allá de los creyentes y practicantes: la ligazón cultural que los valores católicos de solidaridad y empatía crean en las comunidades hispanohablantes es un fenómeno invalorable que no debe ser desestimado.

Más allá de los problemas a los que se enfrentan nuestras sociedades, es tal el poderío de nuestra cultura que somos capaces de generar a algunos de los más grandes representantes mundiales de las más diversas disciplinas: deportes (Rafael Nadal, Lionel Messi), música (Plácido Domingo, José Carreras, Gustavo Dudamel, Daniel Barenboim, Martha Argerich), medicina (Valentín Fuster), y muchos más.

Por eso, creo que ya es hora de que los más de 500 millones de hispanohablantes nos pongamos de pie y caminemos juntos hacia el destino que nos merecemos.

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Publicado elEstrategiaLiderazgo PositivoPersonasSociedad