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EL PROPÓSITO DE LA EMPRESA: FIRST THINGS FIRST

Los americanos suelen decir una frase que a mi me gusta mucho porque tiene mucho sentido común: First things first. Es decir, primero hay que hacer lo primero. Y después lo demás.

Este dicho tan simple no se cumple hoy en día en muchas empresas por una sencilla razón: no saben qué es lo primero. O mejor, desconocen cuál es la razón de su existencia, su PROPÓSITO. Multitud de empresas se han convertido simplemente en un medio para lograr cada vez más beneficios, a cualquier precio y a través de cualquier actividad. Y diseñan estrategias, planes y objetivos sin saber realmente para qué o sólo para ganar más y más dinero.

La importancia del propósito

El propósito tiene que ver con una pregunta muy sencilla y al mismo tiempo muy poderosa: “¿Para qué estamos aquí?”.  Cuando las organizaciones no han contestado esta pregunta de manera clara, ocurren varias cosas.

En primer lugar, si la organización no sabe para que está aquí, la única vara de medir sus actuaciones es a través de los resultados económicos – crecimiento y beneficios – a corto plazo.

En este contexto, las estrategias y planes definidos serán en muchos casos inválidos, puesto que cuando sólo busca resultados, el ser humano tiende a justificar ese movimiento sin cuestionar si de verdad tiene sentido. Hace años, estando en mitad de un programa de crecimiento muy agresivo, uno de los directivos con los que tuve la oportunidad de trabajar siempre solía decir una frase que no se me olvidará: “Si mañana digo que soy capaz de vender 100 MM más haciendo persianas, mi jefe me dará el Ok aunque nuestro negocio sea la banca”. Y era verdad. El hombre tenía un gran dilema: no entendía cómo se podía justificar cualquier actividad simplemente por el resultado que ésta podía traer. El ejemplo de las persianas y la banca es un poco extremo – aunque real – , pero muchas empresas hacen adquisiciones o establecen planes de crecimiento orgánico sin cuestionarse si encaja con su razón de ser.

En segundo lugar, esto provoca una visión de los directivos de que son “poco más que un coste dentro de una máquina perpetua de hacer dinero”. O lo que es peor, acaban aceptando crecimientos agresivos simplemente porque hay que crecer, aún a sabiendas de que no tiene sentido.  Sólo valen por los resultados a corto plazo. No hay cabida para los errores. Y hasta que el cuerpo aguante¡¡¡ En el momento que falles o no se logre el resultado esperado, estás fuera. No hay más reglas. Esto puede tener varias derivadas: comportamientos poco éticos – a veces de manera consciente y a veces no – , presión difícil de soportar, gestión poco humana de los colaboradores – trasladando el mensaje que se recibe – y al final un ambiente laboral irrespirable. Y sobre todo, el directivo, se puede convertir en algo que no quiere ni desea.

En tercer lugar, el efecto sobre los equipos es claramente desmotivador. Por un lado la presión y la forma de trabajar poco humana, que les hace sentir como meras piezas productivas. Pero sobre todo, al crecer de manera desordenada o sin sentido, se va añadiendo grasa innecesaria, de manera que en las empresas acaban trabajando multitud de personas que desconocen para qué están ahí. Son sólo una pieza más de un engranaje que tiene que hacer una microtarea que forma parte de una tarea más grande. Y eso es todo¡¡¡

El propósito: Arma competitiva

Cuando una empresa no es  capaz e tener una respuesta clara acerca del propósito, pierde un arma competitiva muy poderosa. Si ocurre al contrario suceden varias cosas:

1.- La empresa sabe a lo que se dedica …… pero también y sobre todo, sabe a lo que NO se dedica. Como dice mi profesora en Harvard, Frances X. Frei, las grandes compañías tienen muy claro lo que hacen y lo que no hacen. Tienes que evitar creer que eres bueno en cualquier cosa.  Cuando sabes a lo que te dedicas y a lo que no, eres capaz de definir aquellas capacidades que necesitas tener y las que no para ser bueno en lo tuyo. Y esto trae muchas ventajas competitivas a medio y largo plazo.

2.- No se crece por crecer: El caso de La Fageda es muy claro. Cristóbal Colón, fundador de esta empresa de yogures catalana tiene claro que su propósito, y cada vez que se le plantea crecer dice no, porque pone en perspectiva el crecimiento y lo supedita al propósito, que no es ganar dinero, sino servir a la sociedad de una manera determinada. Admitámoslo, el mantra de ser grande, y de los beneficios que conlleva – escala, poder de mercado, mejores rentabilidades – se puede dar, pero también podemos encontrar casos en casi todas las industrias de empresas de menor tamaño que subsisten y de buena manera.

3.- La motivación de los empleados es mayor, puesto que saben porqué es importante su trabajo. Y si además se promueven valores más allá de los extrínsecos – más paga, reconocimiento etc.- mejor que mejor.

¿Qué puede hacer?

Si es Ud un líder o dirige un equipo, hay algunas cosas que puede poner en marcha:

1.- Vuelva a hacer la pregunta fundamental: ¿Para qué estamos aquí?. En su libro sobre el capitalismo consciente, John Mackey añade algunas más que le ayudarán en este proceso de definición o reconexión con el propósito: ¿Porqué es necesario que esta empresa exista?, ¿Qué tipo de contribución queremos hacer?, ¿Porqué es el mundo un sitio mejor gracias a nuestra existencia?, ¿Se nos echaría en falta si desapareciéramos?

2.- Involucre a la gente que tiene algo que decir: Lo mejor es centrarse en la gente que tiene influencia en los diferentes niveles de la organización. No se centre sólo en el equipo de alta dirección, puesto que el propósito tiene que resonar a todos los niveles. Las redes de energía puede ayudar en este punto.

3.- Analice de manera cuidadosa los valores necesarios: No haga revoluciones ni cambios ruidosos en los valores excepto en situaciones de emergencia. Es mejor entender el sistema de creencias y valores de una empresa, y construir sobre sus aspectos positivos, y añadir de manera cuidadosa, aspectos nuevos.

4.- Sea consistente: Elimine todo aquello que no cuadre con el propósito y potencie todo aquello que lo refuerce. Y hágalo sin prisa pero sin pausa.

5.- Trasmita ese propósito a todos los empleados. Los empleados no sólo quieren trabajar para una organización. Quieren sentirse identificados con la empresa.

6.- Ayude a los empleados a adaptarse a la nueva situación: Si los cambios exigen nuevas capacidades, ayúdeles a conseguirlas, y el mismo tiempo eleve el nivel de exigencia.

7. – Establezca elementos de medida claros – objetivos –, pocos y en la medida de lo posible comunes

8.- Muestre los progresos para dar sensación de avance y para compartir que se marcha en la línea adecuada o no.

9.- Reconozca los logros : Celebre los éxitos y haga que la gente se sienta orgullosa de su participación. Señale a cada paso del proceso aquellas ocasiones en las que se viva de acuerdo al propósito¡¡¡

¿Cuál es la verdadera razón de ser de toda empresa?

La empresa actual es vista por muchos únicamente como generadora de beneficios y fuente de crecimiento. A mi entender eso es un error.

Por supuesto debe generar beneficios, puesto que sin éstos, la empresa no es sostenible. Y por supuesto que debe ser competitiva y buscar la excelencia. Pero toda empresa tiene un papel que jugar en la sociedad, una razón de porqué está aquí, un propósito, que debe ser considerado en cada decisión, y que debe ser entendido por cada empleado.  Y no sólo eso. Debe fomentar el desarrollo de las personas, para ayudar a que éstas alcancen su mejor versión, aunque esto es cuestión para otro post.

Recuerde, antes de definir cualquier estrategia o plan, pregúntese si tiene claro cual es su intención y si ésta cuadra con el propósito¡¡¡¡ Como decía Frankl, la felicidad no puede ser perseguida. Se deriva de vivir una vida llena de propósito y significado. También podemos aplicar lo mismo en la empresa¡¡¡

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Publicado elÉtica y Empresa

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