Atraer, formar en valores y retener el talento

Me gustaría comenzar estas líneas haciendo la siguiente afirmación:

estoy convencido de que España tiene la capacidad suficiente para atraer y competir en talento joven a nivel internacional.

Este es uno de los mayores retos que las empresas, las Administraciones Públicas y las instituciones educativas tenemos por delante.

Aunque en ocasiones sentimos que nos quedamos atrás si nos comparamos con otros países de nuestro entorno, debemos ser capaces de cambiar el “chip” y manifestar con orgullo lo mucho y bueno que tenemos aquí. La prueba está en que encontramos a muchos españoles liderando importantes compañías dentro y fuera de España, además de tener a numerosos investigadores que hoy en día son referentes a nivel mundial.

Ahora bien, no se puede confiar todo el talento a la excelente preparación académica que tenemos o al extrovertido carácter que posee el ciudadano español y que tan “buena prensa” tiene fuera de nuestras fronteras. Lo importante, en primer lugar, es identificar bien ese talento. En nuestro caso, y así lo tratamos de aplicar en todos los centros educativos del CEU, abogamos por impulsar ciertos valores que potencien las capacidades del estudiante y que deben ser la esencia del profesional del siglo XXI: la meritocracia, el trabajo en equipo, ser flexibles y con capacidad de reinventarse constantemente, el reconocimiento al trabajo bien hecho, el dominio de varios idiomas o la preparación en habilidades dentro del mundo digital, entre otros.

Una vez localizado ese talento, resulta necesario formar a la persona en su sentido más amplio. La formación pura y exclusiva en conocimientos técnicos es una metodología prácticamente agotada. En la actualidad, cada vez es más necesario complementar esos conocimientos con otras dimensiones, que al final son las que configuran cómo es y cómo actúa una persona.

Nuestro propósito es formar personas capaces de liderar, de transformar la sociedad y de influir en sus entornos. En definitiva, les ayudamos a ser mejores personas, que sientan pasión por lo que hacen y que adquieran un cierto criterio para diferenciar lo que está bien de lo que está mal.

En este sentido, me gustaría romper una lanza a favor de las Humanidades. Cada vez estoy más convencido de que cualquier persona que pretenda dirigir equipos, deberá tener una perspectiva más amplia, con otros criterios diferentes basados en el conocimiento de la Filosofía. Solo así será capaz de tomar las mejores decisiones para el buen funcionamiento de la compañía. De hecho, ya hay empresas punteras en Estados Unidos que están contratando a filósofos para ayudarles a dar sentido a su actividad.

Pero tampoco debemos engañarnos ni pensar que se puede cambiar de un plumazo algo tan complejo como el actual sistema educativo. Lo que sí es cierto es que cada vez surgen más iniciativas que pretender acercar el mundo profesional a lo que se imparte en las aulas. En el CEU estamos poniendo en marcha numerosos proyectos para desarrollar entre nuestros estudiantes competencias nuevas y fomentar en los niños desde muy pequeños temas como el pensamiento crítico, el emprendimiento o el liderazgo basado en valores.

Entre otros muchos, sirva como ejemplo el del joven Alejandro Escario, un ingeniero formado en la Universidad CEU San Pablo de Madrid que logró, con tan solo 25 años, el premio “Best Medical Project” de los Global Fab Awards 2015 -organizado por el Center for Bits and Atoms del MIT (Estados Unidos)- por su proyecto de incubadora de bajo coste para países en vías de desarrollo.

¿Cómo podemos retener el talento en España?

Si lo analizamos desde el punto de vista empresarial, considero que los empleadores deben ofrecer proyectos estables y atractivos que vayan acompañados de unas buenas condiciones de trabajo, no solo económicas. Me explico. Los jóvenes de hoy, los denominados millennials, no solo buscan satisfacer sus necesidades básicas, sino que están a la expectativa de opciones diseñadas especialmente para ellos. Les atraen empresas y marcas que les hagan sentir especiales y, por eso, es necesario que para captar el talento tengamos en cuenta sus demandas. En muchas ocasiones, más que preocuparse únicamente por su salario, los jóvenes muestran interés por asuntos relativos al equilibrio que puedan conseguir entre vida personal y trabajo, por realizar acciones colaborativas y creativas; en definitiva, por tratar de conseguir cambios reales en la sociedad.

No cabe duda de que nos queda mucho por hacer y, por ello, tenemos un amplio margen de mejora para tratar a nuestro capital humano con mayor eficiencia. La todavía alta tasa de desempleo, el escaso apego de los jóvenes a la Formación Profesional o la falta de puestos para perfiles cualificados son algunos de los factores que debemos intentar revertir para que nuestro talento esté más reconocido, pueda desarrollarse con plenas garantías de éxito y no tenga que salir de España para buscarse un lugar en el mundo profesional actual. Como formadores, debemos ser capaces de educar para profesiones que hoy todavía no existen y, por tanto, hemos de ofrecer las herramientas necesarias para lograrlo, siendo flexibles y aportando una visión global de lo que nos deparará el futuro más inmediato. Como ciudadanos, debemos adquirir el compromiso, la responsabilidad conjunta y, sobre todo, la actitud necesaria para seguir construyendo un país más próspero y mejor.

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